
La exposición colectiva REVOLUCION ES se llevó a cabo en el Laboratorio Arte Alameda del 26 de noviembre de 2010 al 27 de febrero de 2011 con motivo del año de la revolución mexicana. Cabe mencionar antes, que a esta exposición se invitó a participar a Helen Escobedo, pionera del arte contemporáneo en México, quizá una de las últimas obras que realizaría, y a otros artistas como Carlos Aguirre, Rogelio Sosa, Gerardo Suter, Marcos Ramírez, Erick Meyenberg, Amanda Gutierrez.
Quisiera referirme en este blog a una de las piezas realizadas, la del artista Rogelio Sosa. Al entrar a la espaciosa nave central del este museo que antes fuera una capilla, uno se encuentra con dos estructuras pendulares, uno de un lado de la nave, otro del otro lado, de manera que uno se puede ubicar en el centro y ver a uno y otro lado sendas estructuras metálicas que en lugar de una figura de péndulo, ingeniosamente portan una bocina. El movimiento de las estructuras pendulares es controlado por un dispositivo digital.
Las bocinas reproducen extractos procesados de grabaciones de discursos presidenciales. Nuestra idea de una bocina es la de un objeto fijo en un lugar determinado, nunca una bocina que va y viene. La descontextualización que logra del objeto común nos lleva a una reacción que fascina por el ingenio tecnológico pero que también se refiere a una nueva forma de relacionar el sonido y el espacio.
La sensación al entrar en contacto con la pieza es que cuando el sonido se acerca se alcanza a escuchar algún fragmento de palabras que luego se alejan, creando por sí mismo un juego interesante con el espacio y el sonido. Es un juego entre la memoria que trae y el olvido que aleja, el vaiven entre estos dos polos de la compleja relación con los hechos, con las palabras, con el pasado.
Otra sensación es que el escuchar lo que los mandatarios afirman, como puede ser promesas o cosas que han llegado a su fin en el país, tiene definitivamente otra lectura bajo el influjo de esta pieza artística potente. Cuando por ejemplo, la bocina se aleja, se difumina la fuerza de aquellas palabras, aquellas promesas o aquellas sentencias de cambio, en un espacio vacío, hueco, como lo son aquellos discursos.
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